brucknerite – Un blog de Iván Rivera
La ciencia envenena mis sueños
16may/122

Solidaridad en alemán

Heidegger, con bigotito. Si es que eran todos iguales.

Martin Heidegger, filósofo y nazi a tiempo parcial, opinaba —en un alarde de modestia nacionalista— que no se podía pensar “en serio” si no era en alemán. Después de 1945 este tipo de afirmaciones pasaron de moda, aunque Heidegger, siempre dispuesto a reciclar una buena idea-fuerza, siguió defendiendo semejante ordinariez por el sutil procedimiento del parche: el idioma alemán hunde sus raíces en el griego, y con tal distinción no puede sino estar particularmente equipado para la filosofía. No como otros —citaba la lengua francesa, no sé si porque tuviera en mente molestar a alguien en concreto.

14may/122

Aquí hay trampa

Hacedme el favor, amigos lectores, de cambiar de marcha cerebral y leer —o repasar, si ya lo conocíais— este delicioso párrafo del anónimo e imperecedero Lazarillo de Tormes:

Acaeció que llegando a un lugar que llaman Almorox, al tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le dio un racimo dellas en limosna, y como suelen ir los cestos maltratados y también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la mano; para echarlo en el fardel tornábase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un banquete, ansí por no lo poder llevar como por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un valladar y dijo:

—Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas, y que hayas dél tanta parte como yo. Partillo hemos desta manera: tú picarás una vez y yo otra; con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva, yo haré lo mesmo hasta que lo acabemos, y desta suerte no habrá engaño.

Hecho ansí el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance; el traidor mudó de propósito y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él, mas aun pasaba adelante: dos a dos, y tres a tres, y como podía las comía. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano y meneando la cabeza dijo:

—Lázaro, engañado me has: juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres.

—No comí —dije yo— mas ¿por qué sospecháis eso?

Respondió el sagacísimo ciego:

—¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas.

Ahora estáis equipados mentalmente para afrontar otra lectura —tened paciencia. Esta, de más actualidad: “Una casta a prueba de crisis”, en El País.

¿Ya? Bueno, por si acaso la rapidez de la lectura os ha hecho perder matices, lo resumiré. La “brecha salarial”, la diferencia entre la remuneración media de un empleado y la de los miembros de la alta dirección de sus empresas no hace más que crecer. Un 4,8% para el periodo 2007-2011 para las empresas del Ibex 35. En ese periodo, muchas de las empresas incluidas en el índice bursátil no resultaron exactamente una buena apuesta —solo 11 de ellas fueron rentables. ¿Por qué las remuneraciones de los directivos y consejeros aumentan sin parar en un contexto de crisis? ¿Por qué los accionistas, con control sobre estos menesteres, no echan a patadas de los consejos de administración a tanto parásito? Si yo tuviera un buen porcentaje de cualquiera de estas modélicas empresas, haría falta mucha seguridad privada para detener mis ansias pirómanas.

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10may/120

Chiste astronáutico

En anteriores episodios de brucknerite conté que durante mi aventura en tierras intereconómicas tuve el honor de conocer a Luis Ruiz de Gopegui. Un auténtico fragmento de historia viva de la astronáutica en España. Cierto, el papel de nuestro país en la aventura del espacio ha sido secundario —siendo bondadosos, pero está muy necesitado de recuerdo. Ruiz de Gopegui trabajó en la estación de seguimiento de la NASA en Robledo de Chavela desde 1966, a lo largo del desarrollo de todas las misiones Apolo, del programa Skylab, de la misión conjunta soviético-americana Apolo-Soyuz y durante la primera época de los vuelos del transbordador espacial. En sus propias palabras, fue una de las cien personas o así que habría que matar, solo en España, para encubrir un imposible fraude lunar.

Ruiz de Gopegui contó el chiste que viene a continuación fuera de cámara —no cabía en la exigua duración del programa. Se lo relató a su vez el fallecido astronauta Evans, piloto del módulo de mando del Apolo 17; y así, peinado un poco para la ocasión de ponerlo por escrito, os lo transmito:

9may/129

Yo fui tertuliano en Intereconomía

Estaba esperando a algo para publicar esta pequeña historia. No sé muy bien a qué: quizá a tener en mis manos la prueba del crimen. O a que Intereconomía, ventilador afanoso para la hez mental de una mínima caterva de iluminados, concluyera su existencia en el mundo de los vivos. Ninguna de las dos cosas ha pasado, aunque la segunda parece acercarse según algunos medios poco afines. Perdería con su fin toda posibilidad de negar que lo que voy a contar no fuera un sueño raro de una noche pegajosa de verano: de modo que aquí está. Me saco la espina y aprovecho para pediros algo, lectores. Si tenéis vosotros la prueba en vídeo de lo que cuento, o conocéis a quien la tenga, hacédmelo saber. Ya intenté contactar con las fuentes, siempre con depurada educación y siempre con la misma —silenciosa— respuesta. Dicho lo cual, se abre el telón.

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23abr/123

Komarov, un hombre valiente

Komarov y su familia con Gagarin, 1965

Hace hoy 45 años Vladímir Komarov, cosmonauta, era conducido hacia la rampa número 1 del complejo de Baikonur, en el actual Kazajistán. Con él estaba su compañero y amigo Yuri Gagarin, cosmonauta de reserva para esta misión. El autobús se detuvo al pie de la torre; ambos cosmonautas salieron y abordaron el ascensor que les llevaría hasta la pasarela de acceso de la escotilla del Soyuz 1. Komarov entró en la cápsula y se acomodó en la nueva nave. Los técnicos de apoyo ajustaron sus correajes. Los dos amigos se despidieron —”nos vemos pronto”— antes del cierre de la escotilla. Fueron las últimas palabras en tierra de Komarov. Aquel vuelo le convertiría en el primer hombre en alcanzar dos veces el espacio, y también el primero en morir durante un vuelo espacial.